TAN LEJOS Y TAN CERCA…UBEDA

IMG_0292TAN LEJOS Y TAN CERCA

Úbeda para mi tiene dos barrios. El barrio de la niñez más temprana (yo salí de Úbeda a los 7 años) y el barrio del adulto que regresa y descubre. Son dos barrios parecidos donde habitan las mismas gentes y pueblan las mismas casas y edificios renacentistas, los mismos paisajes y la misma historia.

CALLE

Del “Barrio de la niñez” recuerdo desde lejos al niño que miraba desde la parte de atrás de “la pava” como  se alejaba un lugar. El único lugar que conocía.  La “casa grande” con su pozo, sus corredores y su corral, la procesión general, las latas redondas de conserva  convertidas en tambor, los cucuruchos de papel pinocho, las capas. Jugábamos a las procesiones, a los indios y a los toros.

Recuerdo mis visitas al horno de San Pablo, los ochíos, los hornazos con su huevo en el centro. La subida por la Cuesta del Salvador haciendo equilibrio por el borde que guardaba la acera para recoger los “paraguas” que nos habían dejado los Reyes Magos” en la casa de mi abuela Aurora.

Recuerdo a mi madre con sus capachos, a mi padre que una vez me llevó a Córdoba a disfrutar de un programa completo: museo de Julio Romero de Torres, futbol en el Arcángel  y “Revista” de mujeres y de plumas donde no me querían dejar pasar…

Recuerdo el Paseo Mercado y la multa que me echó un aguacil por llevarme una rosa de los jardines. Recuerdo la cuesta para visitar la casa de mi tío Antonino, a mi hermana Mercedes cantando saetas a la Virgen de la  Soledad y a mi hermana Tina y  sus aventuras increíbles.

Recuerdo una carrera frenética que me llevaba desde mi casa a la Plaza Vieja para cumplir un “mandao”, el primero que me pedía mi madre desolada unos días después de la muerte de mi hermana Aurora. Recuerdo también una madrugada llegando a Cabra de Santo Cristo a visitarla antes de que  una peritonitis perforara su vida de veintisiete años para siempre. Recuerdo la Navidad, la fiesta en la que se convertía mi casa, la alegría de mi familia numerosa, a “Antonillo” y también  una mesa llena de masa donde todos hacíamos mantecaos…

Del otro Barrio, del “Barrio del hombre” recuerdo otro Úbeda.

La patera de mi familia se estrelló contra la costa de Madrid. Un lugar que, en ese momento, yo no sabía ni que era, ni siquiera que existía y que sin embargo, cambiaría mi vida para siempre.

Tiempos de juego, de inocencia, de no tener consciencia  del infierno que vivían mis padres y mis hermanos en una habitación de Diego de León donde regresaban exhaustos y vencidos con el sueldo que nos permitiría vestir y comer por los pelos.

Recuerdo nuestra primera casa, el piso que estrenamos en Carabanchel. Un piso con dos terrazas, cocina, baño,  salón/ dormitorio y tres dormitorios. Un palacio  en mis recuerdos de niñez que cuando visitaba de adulto  me parecía el sitio más pequeño del mundo,  donde no me explicaba cómo habíamos podido  vivir tanta gente.

Recuerdo la beca que me llevó al  colegio que cambió mi vida. Un  ángel llamado D. Ángel al que solo vi una vez en una clase de catequesis,  me  puso a estudiar en un colegio marianista, en un colegio donde estudiaban  los hijos de  algunas de las familias más ricas e influentes del país.

Este piso, en la calle Labradora, número  27, (le cambiaron el nombre y me cabrea mucho) era Úbeda a todas horas. Mi madre compraba en el mercado lo que compraba en Úbeda. Continuamente se hablaba de las noticias que nos llegaban desde allí, de la Feria de San Miguel, del día de San Francisco, de la Semana Santa, de la aceituna,  de este y de aquel, de las saetas de mi hermana…

¡Es increíble cómo se puede vivir en un lugar sin estar y de estar en un lugar donde  no vives!

Lo cierto es que muy poco a poco descubrimos Madrid sin abandonar Úbeda, ni  sus caracoles, ni su morcilla en caldera, hasta que arrinconada en el tiempo por nuestros descubrimientos y nuestros hijos se quedó como lo que era, el hermoso lugar donde nacimos y del que habíamos tenido que emigrar para poder comer y vivir nuestra vida. OCHIOS Y MORCILLA

De este segundo barrio, muchos años después, pasados los 25, recuerdo mi regreso, ya cantante de éxito para actuar en la Feria de San Miguel con mi compañera artística de entonces, Isabel Montero. Recuerdo como me quería la gente y con qué alegría me recibieron. Recuerdo descubrir otro Úbeda. La de sus tesoros arquitectónicos, la de la cerámica de Tito, la de la delicia de su parador y la de la gente joven, moderna, ilusionada, sencilla y comprometida.

La huella  de mi admirado Sabina y la prosa poética de Muñoz Molina…

A este segundo barrio regreso siempre que puedo. Me encanta recorrer sus calles a pie y descubrir cada rincón y cada persona. Tengo la sensación de que cuantos más años cumplo más cerca tengo  la ciudad que dejé con siete años, a veces incluso  me planteo volver , tener un refugio donde sentirme parte de un lugar que está en mi ADN.

En este barrio disfruto de algunos amigos. En este barrio me siento cerca de mis padres que  murieron y del niño que pude haber sido si no nos hubiésemos  marchado de allí.

De este barrio hablo maravillas por lo que guarda y por lo que vale. En este barrio que huele a gente sencilla está mi origen y una parte inolvidable  de mi vida.

Muchas veces digo de cachondeo que solo heredé de mi padre dos cosas: la honradez y el colesterol, pero no es cierto.  Heredé dos vidas. La  que me dio  mi madre en mi pueblo al nacer  y la que me volvió a dar cuando dejando todo atrás, con una avanzada edad y la muerte de su hija mayor en su corazón, no llevó a salvo a las playas de Madrid, a la tierra de la salvación. ¡No entiendo cómo puede  haber alguien  que hable de fronteras!

Paco Ortega

Madrid 16 de Octubre de 2013

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14 comentariosDeja un comentario

  1. esta muy bien, muy bonito todo lo que cuentas de Úbeda y de tu vida en ella me ha gustado mucho ver lo bien que hablas de mi pueblo saludos desde ÚBEDA.

  2. Me ha gustado mucho.Guarda de su infancia muy bonitos recuerdos y ademas parece que los ha vivido ayer.

  3. Como me ha llegado al corazón percibir que a pesar del éxito y el triunfo, hay gente que no pierde un ápice de corsura y sensibilidad.
    Que orgullosa de compartir contigo ser ubetense.
    Que sigas tan guay

  4. ¡Qué grande Paco!, y que gusto leerte.Te agradezco que burlaras las fronteras entonces para arribar a Madrid, en tu patera, que nos trajeras a los Madrileños un pedacito de tu barrio, y a mi un regalo gigante mitad niño, mitad hombre, que también huele a Úbeda. Porque donde la gente se mezcla las fronteras se diluyen.

  5. Muy emotivo y entrañable: al leerlo descubres a la persona que lo ha escrito y la sientes cercana y crees que forma parte de tu vida, tus vivencias, tu niñez, (aunque no la conozcas personalmente) porque tú viviste una historia muy parecida, aunque no te movieras de Úbeda.

  6. Bien, Paquito, muy bien. La palabra es lo que tiene, dibuja un paisaje trazado por ésta donde el tiempo destila los instantes préteritos que en su memoria inalcanzable viven.
    Enhorabuena, amigo, hermano, por vestir de latidos inmortales, ” tan lejos y tan cerca”, el siempre vivo corazón de los recuerdos.

    Abrazos,

    Santiago

  7. Lo tienes claro, no renuncias a tus raíces, sigues siendo especial y único. Como te lo has “currado”… te mereces lo mejor, (esto último, es el deseo de tu amigo Ángel).

  8. Todo lo que se me ocurre para decirte, es que me encanta lo que dices, como escribes, en fin que te quiero……………

    Laloles

  9. Si hay algo que queda en lo más profundo del subconsciente, son las vivencias de la niñez: los olores, los sabores, las sensaciones…….
    recuerdos que nos acompañarán toda la vida.
    Si a eso le unes la maestría de la palabra, que muy pocas personas
    poseen, nace una prosa nacida del alma, que no deja indiferente.
    Sólo un poeta con una sensibilidad que nace del corazón, puede escribir cosas tan hermosas, porque sus palabras……son Arte.

    Un beso muy fuerte.

    Marisol Navajo.

  10. Extraordinarios y emotivos recuerdos, gracias Paco por compartirlos.

  11. Me ha gustado mucho tu artículo. Así son nuestras vivencias de Úbeda, nuestros olores, sabores y nuestra memoria. Recuerdo a tu hermana Mercedes cantando Saetas, de ti no me acuerdo pero mis padres, si. Me dicen que vivíais en la calle Roque Rojas, nosotros aún vivimos en los portalillos del Paseo del Mercado. Para mí, cuando vuelvo a Úbeda, a visitar a mi familia, es todo un lujo, volver a pasear por calles y plazas. Gracias Paco por tu música y por palabras.

  12. Qué bonito chacho!!

  13. Lo he leído mil veces. Me he emocionado mil veces mil. Me daba como “corte” escribir nada para no perturbar nada de lo que transmites. Tantos años juntos, tantas vivencias compartidas y nuestras vidas acababan siendo un misterio incluso para los que estábamos al lado. A veces la vida te regala la oportunidad de compartir una etapa de la vida con personas como tú para tener la suerte de, pasados 40 años, leer cosas como estas. Gracias, Paco, por ser tú.

  14. Yo tuve la gran suerte de conocer a Paco. fui compañera de trabajo cuando tenia veintipocos años lo he seguido desde entonces. Que grande eres Paco


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