Nos ha dejado “Moraíto” Grande!!!

Qué suerte haber vivido la vida como la ha vivido Moraíto Chico. ¡Que valiente manera de defender una saga, de sentir el flamenco, de ser el encargado de perpetuar una forma de tocar pura, que ataca la rítmica del alma!
Que difícil conseguir hacer sencillo lo difícil, de buscar en la sobriedad los elementos indispensables para emocionar, como envidio la belleza de la humildad de oro de mi querido Moraíto.
Conocí personalmente a Moraíto en el año 95. Le llamé para que tocase un par de temas en el primer álbum de Niña Pastori. En ese momento, la Niña era solo un proyecto más, no la conocía nadie y Morao no sabía ni quería saber lo que tenía que tocar. Con su generosidad de siempre, con el talante de los grandes, de los hombres buenos, me dijo que sí y llegamos a un acuerdo con facilidad. Le pedí bulerías y tangos, pero le podía haber pedido cualquier cosa. Llegó a Madrid a la vez que una nevera de “doradas frescas” que Antoñito de Maíta Vende Cá, entonces novio de la Niña Pastori, nos había enviado para que nos diésemos un homenaje antes de comenzar la grabación. Y así, de esta guisa, en bañador, en la piscina de la casa de mi socio de entonces y amigo Fernando Revilla, en Boadilla, comenzamos el encuentro. Bebimos, nos reímos mucho – tenía un arte que no se podía aguantar- , dimos cuenta de la doradas y pasamos alguna que otra vez los temas de la grabación.

En el estudio a Moraíto solo se le podía decir ¡ole! No había otra opción. No se podía tocar con más soniquete ni con más compás, entre risas, bonanzas y armonía. La vida de Moraíto la presidía la armonía. Yo sé, y me siento orgulloso de decirlo, que él siempre me quiso bien, pero no quiero engañarme… ¡Como a todo el mundo! Moraíto era ese hombre bueno del que habló Machado. Después, siempre hemos mantenido una cercanía lejana. Hemos hecho montones de discos juntos. Yo creo que hicimos juntos lo último que grabó hace unos meses, un disco de una joven cantaora de Almería, Montse Pérez, que no se relajaba ante su presencia. Le tenía tanta admiración, tanto respeto que no era capaz de cantar. Recuerdo con las lágrimas en los ojos como Moraíto le habló, le dio su tiempo, la aconsejó, le dio el calor que solo regalan los grandes, Montse no lo olvidará nunca.
Cuantas noches mágicas en Musigrama con José Mercé, con la Niña, con mi genial y querido Magallanes que está tan triste como yo. Con mi socio y querido Jesús Bola. Con su Diego Carrasco, con todo el mundo porque Moraíto se ha repartido más que el gordo de la lotería de Navidad.
El gordo nos tocó a todos los que le conocimos y le disfrutamos.

Moraíto vivirá siempre en mi recuerdo. Nos ha dejado un gran heredero, su hijo Diego, que atesora todo el arte que le supo transmitir. Moraíto estará siempre entre nosotros, en el recuerdo, en más de un centenar de grabaciones que siempre podremos disfrutar, en el toque de su hijo. Esta noche estoy a su lado , al lado de sus amigos, de su familia y del flamenco que tanto le dió y a quien tanto devolvió.
Descansa en Paz querido amigo y cuanto tengas ganas de reír recuerda aquel día en que poníamos las doradas a la parrilla y ellas mismas nos guiñaban el ojo cuando teníamos que darle la vuelta.
Paco Ortega

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