¡Si es o no es ya se verá!

Hace muchos días que no escribo nada. Hace casi una semana que vivo intensamente, que estoy llenando el boli, que atesoro para poder contar.

He viajado a mi tierra, a Andalucía, a Jerez  y  a Sevilla, para encontrarme con amigos, para ver espectáculos, para beber manzanilla y cruz campo de barril y para caminar por Santa Cruz de noche oliendo a azahar.

Me gusta el ambiente que se vive en Jerez los días en los que tiene lugar su magnífico Festival Flamenco. Este año estaba dedicado a un gran cantaor que nos dejó hace poco: Fernando terremoto. Yo le conocía bien. Era todo corazón y un artista como la copa de un pino. Gloria para él.

Que suerte para los que amamos el flamenco poder contar con un festival consolidado, con un cartel tan equilibrado y unos espacios tan bien escogidos. Cuando se trabaja bien,  en una dirección durante muchos años,  la semilla agarra con fuerza y da tronco, ramas fuertes y hojas sanas y verdes. Enhora buena para todos los que tienen alguna responsabilidad en el evento.

Me he traído dos nombres para ponerlos con mayúscula. Dos momentos de emoción diferentes, distantes y sin embargo los dos grandes, muy grandes.

RAFAELA CARRASCO Y JOAQUIN GRILO. Sus espectáculos “Vamos al tiroteo” y “Leyenda personal”, tienen detrás un trabajo serio y riguroso.

Rafaela tiene un espectáculo sobrio, minimalista hasta el límite en el que no se echa nada de menos porque está ella. Mejor dicho, porque están ellos.

Cuando se derrocha imaginación y frescura. Cuando explota el recital de flamenco que se lleva dentro uno no tiene necesidad de apoyarse en nada más. Rafaela es grande, imaginativa. No se apoya en los tópicos de las bailaoras. Se muestra desnuda, la mayor parte de las veces agarrada únicamente  al compás y eso es suficiente. El grupo espléndido, la cantaora sublime y las estampas que recoge del pasado tienen el sabor de  lo mejor de lo vivido.

Joaquin el Grilo es un bicho. Es el compás, es la gracia, no se puede bailar mejor. Me gusto todo. El discurso de su espectáculo, la música- sublime el gran Dorantes al piano y sus arreglos de cuerda, el grupo, la iluminación y la escenografía.

Me gustó El Grilo porque no puede haber nadie que se resista a tanto arte. No tiene fisuras, en el no hay nada forzado, esta “pasao” de ritmo de compás y de vida y eso se nota cuando se sale a un escenario. Desde aquí le deseo lo mejor. En ambos espectáculos las ovaciones finales se acercaron a los quince minutos. El Teatro Villamarta completamente en pie aplaudía y les obsequiaba a ritmo ternario  con el mejor de los aplausos. ¡Vida para Rafaela Carrasco y Joaquin Grilo!

He tenido tiempo de cenar frente al mar en Cádiz, en la playa de la Caleta, de recorrer a pie su barrio viejo a esas horas en que la mayoría duerme y regresamos a casa  con la música de nuestros pasos como  único amigo y compañero. He tenido tiempo de hablar con personas, con mujeres y hombres de países lejanos, que acuden extasiados cada año, a la llamada de la campana del flamenco, que admiran y conocen nuestro arte y nuestros artistas mucho mejor que la mayoría de nosotros, que ignoramos y le damos la espalda a lo que poseemos. He visto en Sevilla, en la Carbonería, a las dos de la madrugada,  a montones de “erasmus” alrededor de los cantaores espontáneos que surgen desde la barra , intentando llevar el compás, atreviéndose a “dar una pataíta” y conversando de tu a tu, con cantaores rancios, con personajes de la noche  que les llevaban mas de treinta años. Y en los ojos de esas chicas y chicos había mucha admiración.

Uno de estos cantaores, “solo soy un aficionado”, decía el, me dedicaba una  letra tras otra. Observó que éramos cómplices en el compás y me dedicó su momento de arte. Los últimos de la Carbonería, hasta que nos echaron las huestes de Paco Lira. Los “galos” de la noche eramos:  Jaime, cantaor aficionado, Emily una actriz canadiense de Vancouver que lleva en Sevilla dos años aprendiendo a bailar y dos amigos marroquíes grandes y generosos que estaban de paso por Sevilla para comprar maquinaria agrícola.

Jaime cantaba una letra tras otra, nos buscaba con sus ojillos, nos necesitaba cómplices de su arte y nos decía de vez en cuando: “Si es o no es, ya se verá”

El lunes dediqué toda la mañana a trabajar con mi socio, Jesús Bola, en un proyecto en el que estamos  metidos hace tiempo, estamos desarrollando una guitarra flamenca de la que ya os hablaré en otro momento. Después de comer estuve hablando un momento por teléfono con Paco de Lucía. Hemos quedado en visitarle a finales de mes y aproveché para contarle las excelencias del disco que acabo de hacer con su sobrino, José deLucía.

Paco es un sabio. Se interesó por los detalles del proyecto con la humildad que solo exhiben  los mas grandes.

Ha llovido mucho en mi tierra. De vez en cuando los  cielos se despachan  a su antojo. A lo mejor tienen  mucho que llorar…

El martes de madrugada regresaba a mi hotel bajo la lluvia, caminando sin prisa, con la sonrisa en la boca, y la tristeza  que dibuja el tiempo en nuestros rostros  cuando nos descubrimos  lejos de ese joven que fuimos.

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