Viñabilbo

No sé si os he dicho alguna vez que elaboro vino desde hace cuatro años. Si; un vino joven buenísimo al que todos estáis invitados. Desde este post os invito a solicitar una botella de mi vino. Os la regalo.

Mi vino tiene una historia bonita.  Hace cinco años me llamaron por medio de mi amigo Santi Tabernero, el director de “Vida y Color”, de una bodega de la Rioja. De la bodega “Regalías de Ollauri” para proponerme algo. Habían construido la bodega en la cima de una montaña con la tecnología más novedosa del mundo  y habían previsto hacer un recorrido por todo el proceso de elaboración para los visitantes que quisieran conocer  que ocurre con la uva desde que se vendimia hasta que se disfruta en una copa. Creo que le llaman “enoturismo”.

Me atendieron muy bien me mostraron el recorrido explicándome todos los detalles del proceso. La vendimia, el pisado de la uva, la obtención del mosto, las fermentaciones alcohólica y maloláctica, el descube, la guarda en barriles, el trasiego, la zona de sueño…

Y que querían de mí: Pues la B.S.O del recorrido de la bodega. La música que debía acompañar el recorrido de los visitantes de la bodega. ¿Una idea magnífica, no?

Me acompañó mi amiga Eugenia Melián y salimos maravillados. Pensé que si hacía esa música tenía que ser tan novedosa y tan impactante como el resto de la bodega. Pensé mucho en como abordar el proyecto y decidí que tenía que trasladarme a la bodega con una unidad móvil y grabar todos los sonidos de cada etapa del proceso, samplear el sonido real de cada planta y utilizar estos  para componer la música que me pedían. Necesitaba medios, personas, dinero. Les mandé un presupuesto alto, el único posible para llevar a cabo lo que quería hacer y les pareció caro. Me comunicaron que, en ese momento, no se lo podían permitir. Con las cifras de inversión que conocí en mi visita al lugar,  a mi me pareció que era una cantidad insignificante. Ellos me ofrecieron la posibilidad de hacer una música de ambiente, en mi estudio, como esas que suenan en los autobuses turísticos que te pasean por los volcanes en el Parque Nacional de Timan faya, pero a mi me pareció que mi música no podía ser lo mas tópico y vulgar de una bodega que  presentaba toda la novedad en la ubicación, la maquinaría, la metodología… Que era todo I+D y sencillamente no acepté.

Por qué os cuento todo esto… Porque meses después paseando por el campo, por los alrededores de una casa que tengo en el campo pasé por unos viñedos que estaban a la venta. Baratísimos, porque en Ávila y me imagino que en otros lugares también, la gente joven no quiere el campo y cuando los viejos ya no pueden las viñas quedan abandonadas. Los viñedos familiares, los pequeños viñedos que han pasado de generación en generación se quedan al pairo y condenados a morir.

El caso es que me compré un viñedo y me entró una fiebre repentina inexplicable por aprender a elaborar vino. Me compré libros, busqué por Internet todo  lo que encontré, me metí en foros de aficionados y busqué un lugar en mi casa  que no llega a 20 metros cuadrados donde encerrarme con los depósitos y la maquinaría que fui comprando con el fin de empezar cuanto antes.

Por aquel tiempo mi perro Gaspar tenía un hijito que se llamaba Bilbo. Un día  el bebé se escapó y  un coche le dió un golpe y le mató. Mi hijo Diego fue el que mas lo sintió y nos fuimos a  enterrarle en la viña.

Pasó el tiempo. Comprobamos día a día, con la ayuda de un jubilado de Cebreros, como crecían  las hojas de la vid. Vimos como se podaba y se  sarmentaba, como se curaban las cepas de las plagas, como se despampanaba y como aparecían los racimos e iban creciendo verdes hasta ponerse tintos.

Lo pasamos muy bien vendimiando con la ayuda de la familia y de los amigos. Hicimos una fiesta. Pisamos la uva y pusimos en marcha todos nuestros conocimientos hasta obtener el primer vino. El resultado: Un vino joven afrutado alto en graduación y como mucho cuerpo. El paladar recordaba la fruta, la cereza. ¡Que alegría, que éxito!

Buscamos un nombre para nuestro vino y mi hijo Diego propuso que se llamase “Viñabilbo” porque en esa viña habíamos enterrado al pequeño Bilbo, y se quedó así.

Han pasado ya cuatro años. Cuatro cosechas. Cada año está un poco mejor porque conocemos más y  es un vino hecho con mucho amor. Aunque nuestro vino tiene una característica que no tienen los demás. Nuestro vino no se vende,  se regala. Cada año hacemos algo más de un millar de botellas y las regalamos. Todo el que pasa por casa, o por Musigrama conoce nuestras botellas.

Cada año son más los amigos que se apuntan a la vendimia. El  último año pusimos dinero entre todos  e  hicimos  una gran fiesta después del trabajo para disfrutar juntos del día.

¿Alguien quiere vino?

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One CommentDeja un comentario

  1. Paco, si te pones en contacto conmigo te ofrezco la posibilidad de cambiar tu vino por el mio, me he sentido muy identificado con tu post y a mi me pasa algo parecido pues tambien elaboramos un vino casero en este caso Syrah 100%.En el proceso participamos mi mujer mi suegro y yo, en el panel de cata participan todos nuestros amigos. El vino nos sale bastante bueno pues siempre nos falta por mas que hagamos.


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